Los clásicos siempre dan de qué hablar, son aparentemente inagotables. Hace días vengo escribiendo comentarios sueltos sobre el genio cartesiano, y cada vez encuentro nuevos temas para comentar.
Ahora quiero abordar un tema que me fascina: el reduccionismo cartesiano con respecto a la mente. Mi fascinación frente a este tema estriba en el hecho de que Descartes es tenido por la mayoría de los filósofos de la mente como el anti-reduccionista por antonomasia. Aquellos filósofos de manual, de saco y corbata, dirán que uno de los principales aportes (para no hablar de “dogmas”) del genio cartesiano fue la caracterización y distinción irreducible de cuerpo y alma. La tesis ontológica del dualismo cartesiano es que hay dos sustancias independientes la una de la otra: por un lado tenemos la res extensa con sus propiedades particulares, y por el otro la res cogitans con sus propiedades particulares. Cada una de estas sustancias tiene una existencia independiente e irreducible a la otra. No voy a entrar en más detalles respecto a la caracterización de cada una de estas substancias, pues ya he hablado sobre este asunto en otras entradas de este Blog, Blog2.
Ahora bien, lo que pocos saben o lo que pocos quieren advertir es que Descartes fue un reduccinista en su época. La tradición escolástica, contra la que construye nuestro genio su sistema, había heredado de Aristóteles la teoría tripartita del alma según la cual había tres tipos de almas: vegetal, animal y racional (ver De Anima). El alma vegetal se encargaba de la nutrición, crecimiento y la reproducción. El alma animal del movimiento y la locomoción. Y finalmente, el alma racional del pensamiento y raciocinio propiamente humanos. Según la teoría aristótelica, todos los seres vivos tendrían cierto tipo de alma (mente) que les permitiría llevar a cabo ciertas funciones y los individuaría en tanto vegetales, animales o humanos. Enfrentado a tal tripartición del alma, Descartes tuvo que ponerse en la tarea de organizar y clarificar un poco estas ideas empolvadas por el peso de los siglos.
La reacción cartesiana ante la tesis tripartita del alma fue la negación rotunda y la reducción. Según él, postulamos el alma para explicar un proceso que no tiene una explicación alternativa en términos mecanicistas. En este sentido, postular un alma para explicar la nutrición parecía excesivo dados los conocimientos ganados sobre la biología y las formas de vida vegetales. Estos tipos de vida podían explicarse de manera puramente mecánica, de la misma manera en que puede explicarse el funcionamiento de un reloj. Lo mismo sucedía con los fenómenos de movimiento y locomoción; los avances tecnológicos de la época mostraban que era posible construir autómatas que se movieran mecánicamente sin la intervención de un alma. El razonamiento, en cambio, no podía ser entendido en términos físicos ni mecánicos. Descartes procedió entonces a reducir las funciones de nutrición y locomoción al cuerpo, res extensa, y dejó la categoría de alma, res cogitans, exclusivamente para aquellos fenómenos de razonamiento, pensamiento y entendimiento. De tres almas que teníamos con Aristóteles, el genio cartesiano nos dejó con a una sola! Se trata pues de una reducción a todas luces.
Esta lectura anti-hermenéutica del reduccionismo cartesiano me lleva aún más lejos. Imagino al bueno de Descartes en nuestro tiempo, con todos los datos de las neurociencias a la mano: correlaciones entre funciones mentales y regiones cerebrales, lesiones cerebrales que causan deficiencias en las capacidades mentales, enfermedades neuronales que se manifiestan con la degeneración de la cognición, uso de dispositivos mecánicos para suplir partes del cerebro atrofiadas y a su vez sustentar funciones cognitivas (por ejemplo, el uso de retinas artificiales en pacientes ciegos -y sí, la retina también es parte del cerebro!). Con todos estos datos presentes, imagino al genio haciendo el siguiente raciocinio análogo al anterior: las funciones que tradicionalmente hemos considerado como inexplicables física y mecánicamente, aquellas que yo alguna vez creí que eran realizadas exclusivamente por la mente o el alma (entendimiento, memoria, razón, voluntad, imaginación, pasiones, percepción*), son verdaderamente realizadas por el cerebro. Por ejemplo, la percepción visual es realizada por el cortex occipital, un mecanismo que funciona como funciona cualquier sistema mecánico. Lo mismo pasa con las demás capacidades mentales tales como la volutad motriz, el lenguaje, la imaginación, el razonamiento, la emoción, etc… ergo, podemos reducir la mente racional, la res cogitans, al cuerpo, res extensa, y más particularmente al cerebro. Mi impresión general es que Descartes no fue dualista por convicción ni porque lo llevaran allí sus razonamientos, sino por desinformación. Descartes, hoy en día, sería el más denodado reduccionista!
* Cabe aclarar que para Descartes esta es una función problemática porque es medio corporal, medio mental.
PD: ya sé que hay tensión entre mis diferentes entradas sobre Descartes y mis interpretaciones del mismo. Pero mi interés no es realizar una exégesis unificada e histórica de las ideas del genio cartesiano.
Agradecimientos a Isabel C. Lopera, gracias a sus comentarios esta entrada tiene menos errores.